El primer día vienes con ganas y lo das todo. Al segundo no puedes moverte. Al cuarto ya no vuelves.
El objetivo del primer mes no es ponerte en forma. Es llegar al segundo mes entrenando. Nada más.
La regla
Termina cada sesión pensando «podría haber hecho más». Si acabas reventado, has hecho demasiado, aunque hoy te sientas bien.
Empezar por debajo de lo que puedes no es rendir menos: es la forma de seguir aquí dentro de un mes. Lo que decide el resultado no es lo duro que aprietes hoy, sino cuántas veces vuelves. Media sesión repetida veinte veces gana a una sesión heroica que no tiene continuación.
Las agujetas brutales no son señal de que ha funcionado. Son señal de que te has pasado y de que mañana no vas a poder entrenar.
La prueba del día siguiente
La medida de que has calibrado bien es sencilla: al día siguiente puedes volver a entrenar sin arrastrarte. Si cada sesión te deja fuera dos días, no progresas más rápido; entrenas la mitad de veces.
Ya tienes el cómo: flojo y sostenible. Falta el cuánto. En la siguiente lección vemos cuántos días a la semana y cuántos minutos hacen falta de verdad: menos de lo que temes.