Correr tiene fama de destrozar las rodillas. La culpa no es de correr: es de cómo se empieza. Casi todo el que se lesiona el primer mes hace lo mismo: salir demasiado rápido, demasiado lejos y demasiados días seguidos, sin que el cuerpo haya tenido tiempo de adaptarse.
Correr es impacto repetido. En cada zancada tu cuerpo recibe varias veces tu propio peso. Eso no es malo: es el estímulo que fortalece huesos, tendones y músculos. El problema aparece cuando el impacto llega más rápido de lo que el cuerpo puede reforzarse. El músculo se adapta en semanas; el tendón y el hueso, en meses. Por eso las piernas te responden antes de que las articulaciones estén listas, y ahí es justo donde llega la lesión.
La buena noticia: casi todo lo que duele al correr se evita con tres cosas que no cuestan dinero. El ritmo al que corres, cuánto subes cada semana y dónde cae el pie.
No hacen falta las zapatillas caras ni un cuerpo de atleta. En este curso vas a empezar de cero sin machacarte: alternando andar y correr, a un ritmo en el que puedas hablar, y subiendo poco a poco.
Si tienes una lesión previa o alguna condición médica, consúltalo con un profesional sanitario antes de empezar a correr.
Empezamos por lo que más lesiona: el ritmo. En la próxima lección, el método de andar y correr para arrancar sin pagarlo al día siguiente.